









vivir para comer, no comer para vivir...














Ceviche
250gr de filete de lenguado
1 aguacate
1/2 cebolla morada
1 diente de ajo
1 limón
1cd de raladura fina de jengibre
tequila o vodka
cilantro
pimienta
chile (uno de buena calidad)
sal
Guacamole
1 Aguacate (hass es el que más me gusta pero puede ser cualquiera)
1/4 limón
Sal
Pimienta
1 huevo de codorniz pochado
caviar rojo
En un bowl de vidrio frotar el diente de ajo partido por la mitad, cortar el lenguado y la cebolla en cubitos pequeños mezclar en el bowl y añadir el jugo del limón, el jengibre, un poco de tequila o vodka (como tiene que conservar un rato el alcohol se evapora y queda la escencia final del licor), la pimienta y la sal al gusto. El cilantro es un sabor que es muy importante en la cocina latinoamericana y para nuestros paladares poner mucho esta bien, pero no hay que exagerar ya que su sabor al ser fuerte puede llegar a ocultar el sabor del pescado. El chile tambien es a gusto, yo recomendaria un buen chile mexicano (a mi me encanta el pasilla) o un rocoto o hasta el delicioso merquén chileno pero esto también va en gustos, lo que si no recomendaria es ponerle salsa tabasco. Se deja reposar durante 2 horas en la nevera cubierto con film.


Yo como es casi obvio por el tamaño de mi estómago y la talla de mis pantalones pedí el menú degustación y muy abusivamente probé los platos de las otras cinco personas que se encontraban en la mesa. El menú fue el siguiente: Capuchino de arvejitas dulces con aceite de trufa de alba (que si no estoy mal es una de las trufas italianas más preciadas) estaba bien para comenzar y como todo primer plato de un menú degustación lo único que produce es ansidad ya que estas esperando probar algo increíble y este primero nunca lo es así que comienzas a sentirte ansioso pensando si lo que viene seguirá siendo de esta forma o cambiará radicalmente para llevarte allá a ese paraíso del placer culinario.





Después de este festival visité la pasteleria de los Rausch que se encuentra a tan solo unos metros del restaurante, pero esto ya es material para otro comentario asi como los platos que pidieron mis acompañantes. Les dejo la página web del restaurante http://www.criterion.com.co/.








Colores y olores por todos lados, las frutas lo mejor, qué extrañas, qué maravillosas hay de sobra y con unos nombres melódicos y cargados que recuerdan las tierras tropicales a las cuales pertenecen. Hay un tipo de frutas que yo encuentro que se parecen entre si (no sé si botánicamente tengan relación alguna) son suaves, muy perfumadas, melosas, dulces aunque ligeramente ácidas al final. Son mis favoritas: la guanábana (anona o zapote agrio) es de cáscara verde y una pulpa blanca y cremosa llena de semillas, puede pesar entre 1,5kg y 2,5kg, más que consumirse así se utiliza para hacer jugos, postres y helados.




Les dejo el link a una página con fotos de las personas que se dedican a este trabajo increible y peligroso para poner este manjar en nuestra mesa (http://www.jrvarela.net/percebeiros.htm).


Puse un vasito de sopa de aguacate y dos flautas de pollo por comensal. Me pareció una buena combinación ya que se acompañaban bien sin competir. Ya sé que parece un poco complicado pero es realmente fácil y rápido de hacer además al final se ve tan bien que parece más elaborado de lo que realmente es. Espero que se animen y sobre todo que lo disfruten, lo cambién y lo hagan suyo.

Empezamos con una Tortilla de Bacalao que esta buena y jugosa en el centro pero demasiado fria como recien salida de la nevera. Luego unos estupendos Montaditos de sobrasada de Mallorca (una especie de embutido de untar) coronados por unos huevos estrellados de codorniz. Es un bocado perfecto ya que al morder la yema moja la sobrasada y el pan tostado volviendo todo una unidad melosa y suave en la boca.

Poco a poco nos vamos animando y nos decidimos por unas medias lunas rellenas de foie con salsa de parmesano y unos hilitos de lo que yo creo era una reducción de jarabe de arce (miel de maple) ¡Estupendo! La salsa de parmesano es tan suave que no esconde el sabor del foie, el detalle de la reducción de miel remata dando ese toque dulce que es tan adecuado para este tipo de platos.


Las patatas bravas de la taverna (tipo Sergi Arola) son un mito de este lugar, en mi opinón reestructurar los clásicos tradicionales y salir airoso es dificil y por lo general es una operación que llegaria a buen término si no se esforzaran por ponerle el mismo nombre. El plato esta muy bien realizado, visualmente es impecable, son unos cilindros perfectos de patata rellenos con la tradicional salsa brava, no esta mal pero después de probar muchas patatas bravas es claro que de sabor estas no son mis favoritas aunque si es uno de los platos mejor montados que he visto.
Por último tomamos unos calamares a la plancha con espárragos. A los postres no llegamos porque ha sido demasiada comida. Por lo demás me queda decir que la carta de vinos es impresionante y los camareros muy amables. Una sugerencia no pedir los platos recomendados, es decir los cantados, los que estan fuera de la carta ya que por lo general el precio de estos es excesivo para ser una tapa. Supongo que estan muy bien también pero si el bolsillo es algo a tener en cuenta por acá se revienta.
Cuando salimos del lugar un pensamiento viene a mi cabeza y me dibuja una sonrisa en la cara, sobre los caminos romanos nacieron las tabernas como lugares de paso en los que se le brindaba hospitalidad al viajero, pienso que como viajeros que somos ya nos iremos encontrando en el camino, la Taverna del Clinic fue solo una maravillosa parada más, esto no se acaba: ¡buen viaje y hasta luego!